Hay ocasiones en las que la madre no puede dar el pecho o simplemente decide no hacerlo. Es una decisión muy respetable y no hay que sentirse culpable por ello, ni dejar que nadie te juzgue. Lo más importante es que tú te sientas a gusto con la forma de criar a tu bebé.

La toma del biberón también puede ser un momento íntimo entre madre e hijo  Y puedes estar tranquila de que tu  hijo va a estar bien alimentado con la lactancia artificial: las leches de fórmula actuales están preparadas para cubrir sus necesidades nutricionales.

Es posible que a la hora de preparar el biberón te surjan dudas, tanto si el bebé es recién nacido como si es algo más mayorcito.

Cómo preparar el biberón

1. Lo primero de todo es lavarse bien las manos

Es un consejo obvio, pero las mamás recientes a veces vamos tan aceleradas, y estamos tan, tan cansadas que podemos pasarlo por alto y nunca está de más recordarlo.

2. Hervir el agua

Durante los primeros meses conviene llevar el agua a un punto de ebullición (justo antes de hervir), para que esté a más de 70º al entrar contacto con la leche en polvo. Así se destruyen las posible bacterias (por ejemplo, salmonella) que pueda contener el polvo.

El agua mineral (de mineralización débil) también se debe hervir porque el posible problema no está en el agua sino en la leche.

Ahora bien, no conviene hervir más de un minuto, pues con el hervido las sales minerales, sobre todo el sodio, se concentran y los lactantes tienen dificultades para expulsar el exceso de sal porque sus riñones son todavía inmaduros.

3. Mezclar la  leche y agua en las dosis justas

Por esta inmadurez de los riñones, y para evitar la deshidratación, es importantísimo respetar las dosis de agua y leche en polvo que se indican en las instrucciones del envase.

La cuchara dosificadora debe llenarse rasa.

  • Si se echan más cacitos de los recomendados, saldrá una leche demasiado espesa y el bebé puede recibir un exceso de grasa, proteínas y minerales, que podría producirle cólicos, diarreas y obesidad.
  • Tampoco es bueno echar más agua de la indicada en cada dosis, porque entonces la leche no alimentará igual al bebé.

Hay que agitar biberón para que no queden grumos que puedan taponar la tetina.

4. Comprobar la temperatura

Antes de ofrecer el biberón al bebé, conviene comprobar la temperatura de la leche, que debe oscilar entre 35 y 37ºC.  Con la práctica lo calcularás a ojo, echando unas gotas en la cara anterior de la muñeca (debe estar calentita, pero no quemar)

Si utilizas el microondas para calentar el agua, agita muy bien el biberón después de hacer la mezcla. A veces, el microondas calienta de forma irregular: la leche puede estar muy caliente en las paredes del biberón y fría en el centro.

No conviene preparar el biberón con antelación

La Organización Mundial de la Salud dice que lo más higiénico es preparar cada biberón individualmente.

Lo ideal es hacer la mezcla de agua y leche en polvo justo antes de la toma.

El agua se puede mantener caliente, pero la leche no debe dejarse mucho tiempo preparada porque se contamina fácilmente.

  • Si preparas el biberón y el bebé no lo quiere, puedes esperar un rato a ver si lo pide, siempre que no le importe tomárselo a temperatura ambiente (lo que no debes hacer es volver a calentarlo).
  • Si el bebé no se acaba el biberón, no conviene guardarlo para luego, porque la leche se contamina fácilmente cuando el niño ya ha chupado el biberón y ha dejado en él sus babitas.
  • Para salir a la calle, es mejor llevar agua caliente en un termo y los polvitos en una tartera pequeña y preparar la leche cuando el bebé tenga hambre.

Si necesitas preparar varios biberones a la vez, debes mantenerlos fríos para luego volverlos a calentar. En este documento de la OMS te explican cómo conservar los biberones para administrarlos más adelante

Limpieza del biberón

Los biberones se pueden limpiar con agua, jabón y una escobilla que llegue bien a todos los lados. Es importante aclararlos bien después de la toma para que no queden adheridos restos de jabón.

Salvo que el bebé sea recién nacido o el pediatra lo recomiende, no hace falta esterilizarlos.

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