Durante la primera semana de vida, el recién nacido tiene que hacer frente a un montón de cambios externos e internos (pues los científicos han descubierto que sus genes también se transforman).

Cuando estaba dentro del útero materno todas sus funciones estaban reguladas por el organismo materno (nutrición, temperatura, oxígeno…). Y al nacer, de repente, su cuerpecito tiene que hacerse cargo de todas estas funciones: respirar, mantener la temperatura, comunicar que tiene hambre, sueño, que está molesto… todo ello en un espacio donde no hay límites (al final de su vida fetal estaba siempre en contacto con las paredes del útero) y, además, tiene que enfrentarse a un montón de nuevos estímulos de luces, y sonidos que dentro del vientre de su madre estaban amortiguados.

Los genes del bebé sufren miles de transformaciones en su primera semana de vida

Todos estos cambios se acompañan de un montón de transformaciones que no vemos.  En un estudio realizado por un equipo de investigadores del hospital infantil de Boston  para valorar cómo evolucionan los recién nacidos durante su primera semana de vida se observaron miles de cambios sus genes y los componentes de su  sistema inmunológico, siguiendo un mismo patrón en todos los bebés.

La investigación, que se publicó en la revista Nature Comunication, se realizó tomando una pequeña muestra de sangre a 60 niños sanos, la mitad en Gambia (África Occidental) y la otra mitad en Papúa Nueva Guinea (Oceanía) en el día de su nacimiento, y a los tres y siete días de vida. Los cambios siguieron patrones regulares  en todos los bebés estudiados, aunque nacieron en dos poblaciones muy diferentes.

Consejos para ayudar al recién nacido en su primera semana de vida

Los padres podemos hacer muchas cosas para ayudar al recién nacido a adaptarse a la vida fuera del útero.

1. Vigilar que está a una temperatura adecuada

El recién nacido es incapaz de regular la temperatura por sí mismo y tiende a enfriarse o acalorarse más rápidamente que un adulto. Por ello, hay que cuidar mucho su temperatura corporal y vigilar la del ambiente.

  • La temperatura de su cuarto debe rondar los 20 a 22 º centígrados (debe un par de grados más durante el baño o aseo).
  • Hay que tener cuidado de no abrigar al bebé en exceso. Aunque no regule bien la temperatura y pierda calor con facilidad, no conviene cubrirle con capas y capas de ropa porque podría ser peligroso (el calor excesivo aumenta el riesgo de  muerte súbita del lactante). En principio, el recién nacido solo necesita una capa de ropa más que los adultos, manoplas (para evitar que se arañe, pues los bebés suelen nacer con las uñitas muy largas y tardaremos unos días en cortárselas) y calcetines o patucos.
  • Para saber si tiene frío o calor, lo mejor es ponerle la mano en el pecho o la nuca. Durante las primeras semanas  las manos y los pies tienden a estar fríos.

2. Ofrecerle contacto físico

Los espacios abiertos y la falta de contacto asustan mucho al recién nacido. Cuando estaba dentro de su madre, sentía la presión de las paredes del útero. Ahora, sin esa presión se siente perdido. Incluso sus propios movimientos involuntarios de brazos y piernas pueden asustarle. Por eso, los bebés necesita tanto el contacto con sus padres desde que llegan al mundo y se tranquilizan rápidamente con  el calorcito de sus brazos.

Para dormir, el recién nacido se siente más a gusto en un moisés que en una cuna grande, que puede resultar un espacio enorme para él. Esta es la razón de que muchos bebés se arrastren en la cuna hasta lograr tocar con su cabecita la cabecera (recuerdo que mi hijo mayor, el único con el que no usé moisés, lo hacía).

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Pero si no tienes un moisés, no te preocupes. Para que el bebé se sienta “contenido” como en el útero materno, una alternativa es envolverle en una toquilla (bracitos incluidos).  Así, además, se mantiene calentito.

Lo que nunca debes hacer es usar cojines, almohadas o reductores para achicar la cuna, porque la presencia de estos objetos aumentan el riesgo de muerte súbita, ya que podrían entorpercer la respiración del bebé.

3. Acudir en cuanto te reclame

El recién nacido no sabe de horarios porque en el útero no los había, a menudo no distingue día y noche,  su sueño es muy irregular y se suele dividir en ciclos de dos-tres horas que se rigen por las necesidades de alimento que debe ser a demanda.

Por  todo ello , en cuanto re reclame, lo mejor es atenderle lo más rápido posible.

Poco a poco, iras conociendo las necesidades y costumbres de tu pequeño. Durante los primeros días, puede parecer complicado, pero todos los padres lo consiguen. Solo tienes que  confiar en el  instinto de supervivencia de tu bebé. Si sabes escucharle, él te irá diciendo lo que necesita.

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