Llevo tiempo queriendo escribir sobre mi experiencia personal con la alimentación complementaria y siempre hay algo más urgente que me echa para atrás. La actualidad  manda y por eso, desde aquí, quiero pedir disculpas a las madres que me han contado sus experiencia recientes, ya sea por correo electrónico o WhatsApp a nivel particular, como por Facebook, a través de la comunidad de No le digas eso a mamá. Gracias Estefanía por invitarme a forma parte de ella y darme la oportunidad de estar en día en el mundo de los bebés, ahora que mis hijos ya no lo son.

Afortunadamente, ahora se habla mucho del Baby-led weaning (“destete dirigido por el bebé” en inglés), y muchas madres saben lo que es y lo aplican, a veces por su cuenta como buenamente pueden, otras con ayuda del pediatra que ya hay bastantes que lo conocen y lo apoyan también. Pero cuando nació mi hijo mayor, no solo no se conocía, sino que se empezaba con los cereales ¡¡a los cuatro meses!!

1ª experiencia: alimentación complementaria a lo tradicional

Yo, madre primeriza e inexperta total, abrumada por los consejos de las abuelas, las amigas (que no tenían hijos pero sí sobrinos) y las vecinas, no me contenté con seguir las recomendaciones de un pediatra sino que llevaba a mi primogénito a dos: el de la sociedad médica, a la que le apunté nada más nacer, no fuera a ser que se pusiera malito y no estuviera abierto el ambulatorio (agonía de madre), y al de la Seguridad Social. Para volverme más loca, vamos. Al final, me quedé con la Seguridad Social y renuncié al seguro privado. Y he tenido una pediatra estupenda, la misma por cierto, con los tres.

Como volví a trabajar a las 16 semanas justas (no tenía vacaciones ni forma humana de alargar la baja maternal pues entonces todavía no se podía acumular la lactancia) empezamos con biberones a los tres meses… para preparar al niño para la separación, me dijeron.

Entonces, no se fomentaba gran cosa la lactancia materna y yo no tenía tampoco mucha información, aunque conseguir mantener el pecho hasta casi los seis meses, que para los tiempos que me tocó vivir no está mal.

Eso sí, enseguida me “recomendaron” darle papillas de cereales para que se llenara más. Si mal no recuerdo, la mezcla era de 8-10 cacitos con 180 ml de leche, para lograr una papilla consistente. Y mi mi pobre hijo, que era glotoncillo y regordete, se quedaba llorando cuando terminaba la papillota y pedía más y más y al final, tenía que darle un biberón. Así que el tema papillas duró muy pocos días. Me limité a echarle un par de cacitos en el bibe y llenárselo de leche hasta arriba, que era lo que a él le gustaba.

Poco después, apenas con cinco meses el médico privadome recomendó darle un potito para que se familiarizara con la fruta. “¿Un potito?”,  contesté yo escandalizada. “Claro, al principio no va a comer prácticamente nada y así no gastas tiempo haciéndolo una papilla de frutas”.

Obediente, compré el potito más sencillo que había, uno de manzana que me recomendaron en la farmacia. Ciertamente, mi hijo apenas tomó dos cucharadas. Pobrecito, cómo lloraba y qué caras ponía. Ignorante de mí, se lo di a la hora de la merienda, cuando más muertito de hambre estaba. Si le hubiera dado pecho antes, igual lo habría acogido de mejor agrado. Pero yo solo cumplía órdenes…

Días después, en la Seguridad Social me dieron la clásica receta de la papilla de fruta con las cuatro frutas de turno (plátano, pera, manzana y naranja) que, vale, esta rica, pero no ayuda para nada al niño a diferenciar  los sabores, receta que me volvieron a dar tal cual con mis otros dos hijos (entre el mayor y la pequeña hay once años y medio de diferencia).

Papilla de frutas, que según me han dicho algunas madres, todavía siguen pautando muchos pediatras. Aunque, hay esperanzas, según me han contado otras: también los hay que recomiendan introducir las frutas de una en una aplastaditas o para chuperretear.

En fin y resumiendo, porque a este paso voy a dedicar el artículo entero a la introducción de alimentos de mi primer hijo cuando lo más interesante es la experiencia de la tercera…

Conclusión: Mi hijo mayor aprendió a comer sólidos a base de purés en los que se mezclaban un montón de ingredientes, y no le permitían reconocer los sabores y no sé si es por esto, pero siempre ha sido reacio a probar nuevos sabores.

Yo, muchas veces me pregunto si fue por la forma en que le di los sólidos, ya que cuando nacieron los otros yo ya trabajaba en Ser Padres y tenía la suerte de conocer a Carlos González, firme defensor del Baby Led Weaning y autor entre otros libros de “Mi niño no me come” (Editorial Temas de Hoy, 1999), un libro maravilloso que te recomiendo leer si te angustia la forma en qué comen tus hijos. Se te quitará cualquier ansiedad.

2ª experiencia: fruta entera y en la mesa con los mayores

Con mi segundo hijo no llegué a hacer un Baby Led Weaning tal cual, porque todavía me daba “miedo” que se atragantase y en la guardería tampoco me daban opción, pero sí que le enseñé a reconocer sabores.

Recuerdo que cuando le introduje la fruta, como era verano, le dejaba desnudito sobre un colchoncito pequeño forrado de plástico y le ofrecía un día un  plátano, otro kiwi y otro pera para que los chuperreteara. Era todo un espectáculo verle guarrear.

Además,  por facilitar las cosas, este peque comía con todos en la mesa familiar (al mayor, al  ser él solo, le daba muchas veces antes, en su trona)  y enseguida él empezó a mostrar interés por lo que comíamos nosotros y especialmente, por los platos de su hermano.

Conclusión: es mucho más fácil que el bebé pruebe la comida si le sientas a la mesa con todos y aún más si hay un hermano al que imitar.

En general, este niño, que tomó pecho hasta casi los siete meses y no llegó ni a probar los cereales que se añaden al biberón (¿para qué, si disfrutaba mucho más chuperreteando un trozo de pan?) , ha comido siempre muy bien y nunca se ha negado a probar los alimentos nuevos.

3ª experiencia: Baby Led Weaning

Con mi tercer hijo, la niña, que me pilló mucho más relajada y enterada, sí que disfrutamos, de verdad, la introducción de los sólidos.

Por tercera vez consecutiva, me dieron en el ambulatorio de la Seguridad Social el papelito con el orden de introducción de alimentos aburrido y anticuado. Esta vez sí que me llamó la atención. ¿Cómo era posible que en 11 años y medio, y con todo lo que se hablaba ahora de dar al bebé a probar los sólidos de uno en uno y enteros., no hubieran cambiado las cosas?

Pero esta vez, que mi niña estaba en casa, sí que pude hacerme la loca y hacerlo “a mi manera”. Bueno a la manera Baby Led Weaning y con el asesoramiento ocasional de Carlos González, a quien de vez en cuando freía a preguntas, porque como a todas las madres, a mí también me daba miedo que se atragantara o que algo le sentara mal.

Como recomienda la Organización Mundial de la Salud, mi hija prácticamente solo tomó pecho hasta los 6 meses (y siguió haciéndolo hasta los 13 meses), fue probando las frutas de una en una (las chuperreteaba e investigaba), cogía los guisantes con sus diminutas manitas y se los llevaba a la boca ella solita, saboreaba trocitos de carne picada, guisantes..

Tengo por ahí unas fotos fantásticas de mi peque con apenas siete meses chupando alas de pollo. ¡Cómo disfrutaba! y qué bien nos lo pasamos el resto de la familia también viendo como comía…

Y he decir que, a día de hoy, sigue comiendo fenomenal y lo que más me llama la atención es que, de mis tres hijos, es la única que siempre que ve un alimento nuevo pide probarlo. Luego, le puede gustar o no, pero ella siempre lo prueba.

¿No es fantástico?

Conclusión: con el Baby Led Weaning los niños disfrutan comiendo, investigan los sabores y texturas de los alimentos y esto despierta su curiosidad por probar otros nuevos.

Como he dicho antes, en muchos centros de salud todavía se sigue dando un calendario viejo que recomienda introducir  los cereales sin gluten a los cinco meses y medio (Cuando la OMS recomienda dar solo leche hasta los seis), después la fruta en puré y luego las verduras, cuando se ha demostrado que los niños de seis meses en adelante necesitan sobre todo alimentos ricos en hierro.

No obstante, otra madre del  grupo No le digas eso a mamá.. comentó que a ella sí le habían dado consejos más actuales, del tipo “nada excepto leche hasta los 6 meses o después, cuando el bebe este preparado, la posibilidad de dar casi cualquier alimento (ojo,el casi es importante, hay que saber bien cuáles por posibles alergias) desde el principio, esperando siempre unos días entre uno y otro, la preferencia por la comida no procesada…”, todo ello, según le dijeron, conforme a las directrices de la AEPED.

He buceado en la web de la Asociación Española de Pediatría (AEPED) pero no he encontrado estas directrices aunque sí este documento tan interesante sobre las nuevas tendencias alimentación complementaria bebés que comparto por si queréis leerlo.

Por si te da miedo que se atragante…

Una madre me comentó que, como le daba mucho miedo que su bebé se atragantara, empezó la introducción de los sólidos utilizando una especie de “mordedor” con una mallita donde metía la comida para que el bebé fuera chupando el alimento. Este accesorio, que permite introducir trozos de fruta, verduras, galletas… se puede encontrar en farmacias y algunos supermercados.

alimentador aprendo a comer de Saro

Alimentador “Aprendo a comer”, de Saro.

 

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