Este sábado, en la madrugada del 24 al 25, tendrá lugar el cambio de hora para adaptarnos al horario de verano. Tendremos que atrasar los relojes una hora para, es decir a  las dos de la mañana serán las tres. Esto supone que anochecerá más tarde y los días serán más largos. Personalmente me encanta este horario (ya lo podían dejar todo el año).

¿Cómo nos afecta el cambio de hora?

Según explica el doctor Gonzalo Pin, jefe de Pediatría del Hospital Quirón de Valencia y portavoz experto en sueño de la Asociación Española de Pediatría (AEP) , “todas las personas tenemos un reloj biológico interno (que está en el centro del cerebro) que nos indica cuando es la hora de dormir y de despertarnos. Este reloj regula nuestros horarios con ayuda de la luz solar y los estímulos del entorno, como los horarios de las comidas y actividad física. Cuando cambia el ritmo de la luz externa o el ritmo de las tareas, este reloj interno, que afecta a los niveles de las hormonas y a todo nuestro cuerpo, puede desorientarse”.

En los bebés, el reloj central interno empieza a funcionar partir de los 5-6 meses de edad, y se regula a través de la lactancia materna, ya que por la noche la leche materna tiene una mayor cantidad de melatonina, la hormona que facilita el sueño.

En los niños, “el reloj biológico de los niños puede tardar en ajustarse varios días, a veces incluso una semana, provocando alteraciones en el sueño y el apetito, irritabilidad, problemas de atención o pequeñas alteraciones del ritmo cardiovascular”.

Además, según explica el doctor Pin, el cambio de hora  afecta especialmente a los adolescentes, una etapa en la que la calidad y cantidad total de horas de sueño empeora notablemente después del cambio horario porque “los adolescentes suelen mantener la hora de dormir previa al cambio, lo que supone que duerman menos horas mientras se adaptan al nuevo horario de verano”.

Consejos para prevenir y aliviar las consecuencias del cambio horario

Para prevenir los problemas que puede ocasionar el cambio de hora y aliviarlos, la Asociación Española de Pediatría ha publicado en su web En Familia algunos consejos que pueden ayudar:

  • Adelantar de forma progresiva las actividades rutinarias de juegos, comida y sueño para conseguir así una transición más suave.
  • Favorecer la exposición a la luz natural para estimular la producción de serotonina (un neurotransmisor que  favorece la relajación del organismo): procurar que el niño reciba luz natural 15 minutos antes de despertarle, desayunar en una habitación muy iluminada, ir caminando al colegio, etc
  • Evitar que el niño utilice pantallas antes de acostarse, pues las pantallas influyen negativamente en el sueño.

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