Durante los primeros meses de vida, el bebé duerme mucho y su sueño es muy irregular (no distingue día y noche, se despierta prácticamente para comer o cuando está molesto). Es importante atenderle siempre que nos llame y respetar sus ciclos de sueño para dejar que maduren.

A partir de los seis meses, cuando  el bebé es capaz de darse la vuelta  y  dormir de un tirón cinco o seis horas, conviene asentar unas rutinas, esto es mantener a diario unas costumbres que el bebé pueda reconocer fácilmente y que le ayudaran a dormir mejor.

1 Ritual nocturno

Hacer siempre las mismas cosas en el mismo orden ayuda al bebé a reconocer que llega el momento de dormir. Cada padre tiene su ritual: baño, cena, cantar una canción, leer un cuento, un masajito relajante… Antes de dormir conviene seguir un ritual tranquilo (no valen juegos movidos) que ayude a disminuir la actividad poco a poco.

El baño al final del día ayuda a conciliar el sueño, pero lo importante es mantener la rutina y hacerlo siempre a la misma hora, con tranquilidad.

Aunque no es lo habitual, algunos bebés se espabilan con el baño, si es el caso, es más prudente bañarles a otra hora.

2 Un objeto de consuelo

Cuando se despierta a media noche, todos los bebés lo hacen (y los adultos también, aunque no nos damos cuenta porque solemos dormirnos inmediatamente),  el bebé necesita sentir que todo está como se quedó cuando se durmió. Por eso, si le duermes en brazos, volverá a pedirlos (no pasa nada, si a ti no te importa) y si se duerme en la hamaca y despierta en la cuna, se sentirá desorientado.

Una buena idea para que se sienta seguro, es dejar en la cuna un peluche blandito (que no tenga elementos que el bebé pueda morder o tragar) o una mantita pequeña que pueda manejar y que permanezca con él durante el sueño. Si consigues que se aferre a un objeto de consuelo que le dé seguridad, no solo le ayudará a dormir sino a superar otros momentos difíciles como el abandono del chupete, tu vuelta al trabajo o la entrada en la guardería.

Antes de los 3-4 meses no conviene introducir objetos en la cuna por el riesgo de muerte súbita.

3 Poca luz

Lo ideal es que el niño se quede dormido sin luz para que asocie el sueño nocturno con la oscuridad. Si le da miedo estar a oscuras, puedes colocar una lucecita en un enchufe (un quitamiedos) ,que además vendrá muy bien para no tener que dar la luz si te llama o te pide pecho. Si se duerme con luz, hay que dejarla encendida toda la noche. El ambiente que hay cuando el niño concilia el sueño debe permanecer igual mientras duerme.

4 Libertad de movimientos

Los bebés se agitan mucho mientras duermen porque a veces su sueño es muy agitado, ya que pasan más tiempo en la fase de sueño activo (fase REM) en la que hay mayor actividad mental, necesaria para el desarrollo de su cerebro. No conviene sujetar las sábanas con pinzas que limiten su libertad de movimientos.

Si se destapa mucho, es mejor vestirle con un pijamita grueso o un saco de dormir que le permita moverse con libertad.

5 Paciencia y cariño

A veces, cuando parece que el bebé ha empezado a dormir de un tirón (6 horas), vuelve a despertarse a menudo y eso hace que algunos padres, agotados, se desesperen y empiecen a probar métodos conductistas para enseñar a dormir al bebé

Es cierto que cuando el bebé se despierta mucho o pasa una noche complicada, altera nuestra vida diurna pues empezamos la jornada agotados. Pero eso, no debe llevarnos a seguir métodos rígidos para conseguir que el bebé duerma.

Lo que necesita el bebé para aprender a dormir es seguridad y eso se lo transmitimos con nuestra comprensión y cariño, demostrándoles que estamos ahí siempre que no nos necesitan

Algunos padres dejan la cuna en su habitación durante más tiempo para no tener que levantarse a atender al bebé , otros  optan por el colecho para facilitar la lactancia y así poder dormir mejor todos. Es una decisión respetable, si se hace hay que tomar algunas medidas de seguridad.

Asesor: Doctor Gonzalo Pin, jefe de Pediatría del Hospital Quirón de Valencia y portavoz experto en sueño de la Asociación Española de Pediatría (AEP)

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