¡Que la báscula vuelva a señalar el peso que tenía antes de quedarme embarazada para poder llevar mi ropa de siempre cuanto antes!”

¿Quién no ha pensado esto después de ser mamá?

Vale sí, después de nueve meses viendo como nuestro cuerpo se ha ido deformando, todas deseamos recuperar la línea enseguida. Pero… hay que tomárselo con calma.

Los nueve meses de embarazo y las horas del parto dejan en el cuerpo y en la mente unas huellas que no pueden borrarse de un plumazo. El cuerpo necesita tiempo para volver a la normalidad.

Aunque los cambios más importantes se producen durante las seis semanas que siguen al parto, hasta que transcurren meses, e incluso un año, no puede hablarse de una recuperación total.

Por eso, los médicos recomiendan esperar este tiempo para volver a quedarse embarazada.

Siendo francos, lo que más nos preocupa a la mayoría de las madres son los cambios externos, es decir los kilos de más. Es comprensible, pero no te agobies si tardas en perderlos un poco más de tiempo de lo que te gustaría. Primero es fundamental que tu cuerpo se recupere por dentro.

Una buena noticia: la lactancia adelgaza

No conviene iniciar ningún tipo de dieta de adelgazamiento en las seis semanas que siguen al parto (la llamada cuarentena o puerperio) ya que suelen resultar bastante agotadoras física y psíquicamente.

Si das el pecho: es mejor que no te pongas a dieta hasta que tu hijo tome otros alimentos además de leche por dos razones:

  • La lactancia supone un esfuerzo para el cuerpo y una ingesta baja de calorías podría afectar negativamente el ánimo
  • Dar el pecho adelgaza.

Sí, has leído bien, la lactancia ayuda a perder peso con mayor facilidad, ya que en la producción de leche se utilizan las reservas de grasa almacenadas en el embarazo. Dando el pecho, perderás los kilos de más de forma natural. Pero no te impacientes, porque la mayor parte de las madres mantienen el peso durante los primeros tres meses, y solo después empiezan a perder.

Si de verdad necesitas perder peso, es mejor que te pongas en manos de un médico. Eso sí, no conviene (ni dando el pecho ni en ningún otro momento) hacer dietas desequilibradas, extremas o milagrosas.

Si no das el pecho: podrás iniciar antes un régimen de adelgazamiento. Eso sí, conviene que lo hagas siempre bajo supervisión médica, ya que las dietas rigurosa aumentan la predisposición a sufrir depresión y ahora, con las hormonas tan revueltas, el riesgo de sufrir un bajón anímico es algo mayor.

¿Por qué sigues teniendo tripa?

En el parto se pierden entre 5 y 7 kilos (por la placenta, el bebé y el líquido amniótico). Pero la tripa sigue bastante hinchada hasta que el útero recupera su tamaño original, lo que ocurre unas seis semanas más tarde. Después, es habitual que se quede flácida, porque los músculos abdominales se han distendido durante el embarazo.

Para recuperar la firmeza, a partir de la sexta semana del parto puedes empezar a realizar ejercicios hipopresivos, que trabajan el abdomen y el suelo pélvico.

Para realizar otro tipo de actividad, es importante que tu matrona que compruebe que tu periné está totalmente recuperado del esfuerzo del embarazo y el parto. Si está débil, la gimnasia podría debilitarlo más.

En el posparto se desaconseja totalmente cualquier actividad física que suponga un aumento de presión en el abdomen o un impacto sobre los músculos del suelo pélvico.

Sí que puedes caminar, hacer estiramientos, natación, yoga, taichi o bicicleta estática.

Evita los abdominales clásicos

Los abdominales que se han practicado toda la vida (elevar el tronco una y otra vez estando tumbada boca arriba) contraen la musculatura abdominal, pero tienen un impacto fuerte en la zona baja del abdomen y el suelo pélvico, debilitados por el embarazo.

Además, la columna sufre al curvarse y elevarse. Y la espalda de una madre reciente, que adopta posturas poco ortodoxas para dar el pecho y carga con el peso del bebé casi todo el día, no está precisamente en su mejor momento.

En su lugar, se recomienda realizar abdominales hipopresivos, una práctica relativamente reciente en nuestro país, que se está empezando a incluir en los cursos de recuperación posparto, y que te pueden enseñar también en muchos centros privados.

En esta gimnasia se trabajan el músculo trasverso (músculo en forma de faja que hay debajo del recto abdominal y los oblicuos) y el suelo pélvico de forma que no sufra la espalda. Los ejercicios resultan un poco complejos al principio por lo que es importante aprender a hacerlos con un profesional cualificado.

Pilates en el posparto

Un método muy recomendable en el posparto es el Pilates.

La técnica se inventó inicialmente como un entrenamiento para soldados, aunque también podía haberse creado como un método de recuperación para las mamás recientes, ya que fortalece el suelo pélvico, la musculatura del abdomen y la espalda. Los ejercicios se realizan despacio, con mucha precisión, controlando en todo momento la respiración. Con ello se consigue entrenar hasta los músculos más diminutos y se mejora mucho la postura corporal.

El  Pilates se puede practicar también en el embarazo, pues tiene muchos beneficios.

En muchos gimnasios se ofrecen clases de pilates con el bebé, así no tienes que separarte de él.

Antes de empezar, conviene hacerse una revisión con la matrona para ver qué tipos de ejercicios se pueden hacer y cuáles no.

Combatir la celulitis

Si tienes tendencia a la celulitis, es posible que después de dar a luz notes que ha la cosa ha empeorado.

Durante el embarazo el cuerpo acumula más grasa de lo habitual (es necesario para que la gestación y la lactancia se desarrollen sin problemas). El problema es que después de dar a luz, muchos de estos depósitos se muestran reticentes a disolverse y hacen que la piel adquiera el aspecto de una cáscara de naranja.

Esto, unido a la retención de líquidos que puede producirse en los días o semanas que siguen al parto, propicia que, independientemente del aumento o no de peso, se luzcan algunos centímetros de más en determinadas zonas. Las más afectadas son la tripa, los muslos, los glúteos y las caderas.

Una vez que ha hecho acto de presencia, la celulitis solo puede eliminarse con tratamientos estéticos, como la mesoterapia o la liposucción. No obstante, puede mejorar mucho y disimularse con la ayuda de la cosmética y masajes drenantes.

Las cremas adelgazantes ayudan cuando se acompañan de ejercicio y dieta saludable. Sus resultados (pueden reducir 1,5 y 3 cm, dependiendo de la persona, tipo de piel, sobrepeso, etc) son más visibles cuando el sobrepeso es ligero.

Eso sí, por precaución antes de usar estos productos conviene consultar con el médico, por si está contraindicado con la lactancia. En caso de duda también puedes mirar si el ingrediente es seguro en la página de  e-lactancia.

Para que la crema sea más eficiente, dátela con un masaje  después de una ducha caliente .

  • En los glúteos, muslos y brazos, extiende el producto hacia arriba, para facilitar así la circulación de retorno.
  • En la tripa, date la crema con movimientos circulares, en el sentido de las agujas del reloj, hasta que se absorba por completo.

¿Sabes que es mejor usar los productos reductores por la noche? Los principios activos son más eficaces mientras duermes, ya que la posición tumbada facilita la circulación sanguínea.

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